martes, 5 de enero de 2016

Prologo: Aquel día, cuando empezó a cambiar el mundo

Siete de la mañana del día veinte de marzo. 
Omdurmán, Sudán.

Recuerdo mis días de recluta, por aquel entonces solo era un crío que pensaba que la guerra no era nada más que un fantasma del pasado. Nadie de mi entorno pensaba que fuéramos a entrar en un conflicto hasta lo de Irak. 

Me uní al ejercito porque era demasiado imbécil como para querer hacerle caso a mi madre y seguir estudiando. Solo podía pensar en que mi padre y mi hermano mayor lo habían dejado también y no les iba mal. El ejercito era todo lo que había soñado, además de que ganaría más que mi padre y mi madre juntos, me lo vendieron demasiado bien supongo.

Había un tipo de Valencia que como yo se había acabado uniendo por dinero y le gustaba fantasear sobre que en el futuro tendríamos unos robots que irían al campo de batalla por nosotros, que podríamos cobrar desde casa manejándolos como si fuese un videojuego. Me gustaba oírle hablar de esa manera y no era el único, poco a poco nos fuimos reuniendo en torno a él hasta que un día un oficial, un sangre azul como llamábamos a aquellos que entraban directamente con un cargo por sus estudios, se nos acercó y terminó con nuestro club de la especulación con una simple frase:

"Nadie se gastaría tanto dinero en mantener a un solo soldado."

Fue una verdad demoledora o así nos pareció a nosotros, luego comenzó la guerra y eso solo hizo que sus palabras parecieran más ciertas. Caímos casi todos, a día de hoy todavía me pregunto si los que murieron tuvieron suerte, si los que volvieron lisiados a casa tuvieron suerte o si los que logramos hacer carrera en este infierno fuimos los afortunados.

Doce años después de aquella frase me han ascendido a Sargento, me lo han notificado hace dos horas, cuando he dejado al paquete en la zona segura. Luego me han llevado ante un ordenador y he tenido que comprometerme a guardar en secreto todo lo que ha sucedido durante el desempeño de mi última misión.

Ironías de la vida, precisamente un nuevo traje de combate ha sido lo que me ha permitido salir con vida de ese avispero, así que supongo que alguien si se gastaría tanto dinero en un solo soldado, se lo restregaría a aquel sangre azul si no fuera porque se voló la cabeza a los tres meses de haber perdido a una escuadra a su cargo.

El paquete nos ha dicho que trabajaba en un equipo de investigación con gente de distintos países de dentro y fuera de la unión, al parecer el tío Sam y el Zar llevan bastante años colaborando al menos en ese proyecto. No he querido preguntarle de que se trataba, este trabajo me ha enseñado que cuanto menos sepa mejor, pero se trata de algo lo bastante gordo como para que un cerebro como el paquete se agarrase a la pistola que le dimos para defenderse como si fuera un salvavidas en medio del océano.

Los otros cerebros nos han insultado mientras nos largábamos, algunos cuando descubrieron que solo íbamos a llevarnos al español intentaron venir detrás de nosotros y agarrarse al vehículo mientras nos poníamos en marcha. 

Hemos tenido que matar a civiles, estaban intentando entrar en el laboratorio y cuando nos vieron se lanzaron sobre nosotros. No se que clase de cosas estarían haciendo los cerebros ahí dentro pero ha cabreado lo suficiente a la población como para intentar lincharnos a mano descubierta. Lo último que vi antes de que el vehículo blindado se cerrase por completo fue como una mujer arrancaba literalmente del vehículo a uno de esos cerebros que intentaban escapar. Alguien comentó que algunos entraron al edificio por la puerta que derribamos al salir.

Espero que los cerebros que quedaron dentro estuvieran en buena forma física para escapar del linchamiento que se les venía encima.

Estaremos un par de días más en este aeropuerto privado que hemos "invadido" para formar una sala de operaciones, tenemos el permiso del gobierno del país pero no tenemos ni idea de si el dueño sabrá que hay soldados en su casa.

El paquete sigue nervioso, a pesar de que está a salvo ya y de que han confirmado que volverá a casa en el próximo vuelo. Yo aún tengo que esperar, el mando quiere asegurarse de que el ejercito de Sudán puede encargarse de estas revueltas civiles. La buena noticia es que han confirmado que ella vendrá desde Seul, al parecer han tenido que cancelar la misión que iban a desempeñar allí por haber perdido el contacto con el punto de rescate.

Será genial pasar un par de días juntos esperando que no lleguen las revueltas hasta nosotros pero hasta entonces solo me queda prepararme para el examen que me espera en casa, al parecer es un requisito indispensable para confirmar mi condición de Sargento. Pero me han dicho que me tranquilice ya que para alguien con mi experiencia solo sería un mero trámite.

Creo que visitaré a el paquete en la enfermería a ver si ya se ha calmado, hay algo en sus ojos que no me deja relajarme, tiene la misma mirada que tenía aquel sangre azul cuando le informaron de que todos sus hombres habían muerto. Justo antes de que decidiera darse de baja de la vida. 

Esa mirada que solo puedo interpretar como "dios mio, he escogido el trabajo equivocado".

40 días para la hora cero.